15 de diciembre de 2011

PERDÓN, infinitamente más que una palabra


El perdón cae como lluvia suave desde el cielo a la tierra. Es dos veces bendito; bendice al que lo da y al que lo recibe.
William Shakespeare
 
Llega fin de año e inevitablemente todos alrededor hablan de “hacer un balance”.
¿Un balance? ¿Que sería eso sino una recopilación de eventos que marcaron el año que se termina? Casi siempre una letanía de males y acontecimientos que marcaron nuestro transcurrir…
Sucesos en su mayoría incómodos, densos, esos que deseamos que queden muy lejos y partan para siempre junto al año que jamás regresará… Claro…no faltará alguna que otra alegría que ocasionalmente llenó esos espacios que tanto lo necesitaban. Pero siempre suelen pesar más las abrumadoras cargas que sobrellevamos.

Solemos recordar, como “grabado a fuego” y con lujo de detalles, aquello que más lo impactó por la razón que fuese: la emoción más fuerte, una bella sorpresa, el hecho más desgarrador, la traición menos esperada o el reconocimiento que vino del lugar menos imaginable.
Y claro que atesoramos esos instantes en que nos sentimos plenamente felices, los q se cuentan con una sola mano y repetimos mentalmente una y otra vez. Hasta aquí estoy segura coincidimos muchos de nosotros quien más, quien menos.

Al igual que todos, pasé por muchas de estas cosas en este año, no hace falta relatarlo, todos llevamos nuestra mochila, liviana o pesada, pero todos cargamos una…

Y yo como cualquiera de ustedes, viví una larga lista de sucesos que hicieron duro el transitar, un remar día a día lo que la vida ponía por delante.
Pero hoy solo quiero enfocarme en un aspecto que también nos aúna.


 Pedir perdón, Perdonar, soltar…dejar ir…

 
Este año pasó con muchas penas… más de un par de personas en las que deposité ciegamente mi confianza me defraudaron.
Lloré mis lágrimas, muchas…me cuestioné mil cosas, mascullé, me deprimí, me enojé, pataleé, volví a llorar y a cuestionarme, gasté cantidades de pañuelos y pensamientos…también por momentos bajé los brazos. Me planteé y replanteé muchas cosas
Finalmente, sequé mis lágrimas, levanté mi cabeza y tomé la DESICIÓN de sonreír!.. una vez más…y muchas, muchas más.

Fue ese instante donde mi frase predilecta tomó pleno sentido: “Ni la menor cosa sucede por casualidad”. Entonces supe el  porqué: todo lo sucedido no era más que APRENDIZAJE.

Hice mi balance.  Y simplemente: DECIDÍ.
NADIE podía herirme sin MI CONSENTIMIENTO, y yo…NO SE LOS DI.

Sí, me causaron daño, si, me hirieron el corazón, si, me causaron heridas invisibles pero muy dolorosas. Y supe…:  habrán tenido sus propias razones, aunque no logre entenderlas.
Lo que sí entendí fue lo que me enseñaron, lo que aprendí y hoy les propongo en esta charla entre ustedes y yo.

Perdonar, soltar, pedir perdón.
 
Hice lo que me enseñaron y lo que hoy les propongo a cada uno de ustedes:

DARLE VIDA A LA PALABRA PERDÓN.

Puede no resultar fácil o que no estén cerca de las personas involucradas, pero la intención sincera, el soltar lo que comprime el alma, aprisiona el corazón y la garganta, libera…
Por el contrario, no hacerlo, envenena el alma, genera desasosiego y corroe el espíritu en forma invisible pero certera.
El perdón es una decisión interna, aunque no veas a esas personas, basta con perdonarlas por lo que haya sido, soltar el enojo, y pedir perdón si lo causaste.

Soltar es perdonar, dejar ir lo que ya fue y no sirve. El perdón es bálsamo y cura para el alma.  Pedir perdón fortalece el espíritu.
Poder perdonar es un esfuerzo que tiene una recompensa automática: aliviana, reconforta, libera.

Este año que termina, perdoné, solté, pedí perdón, aún a quienes no veo por alguna circunstancia. Este año que comenzará, me encontrará levantándome una y otra vez, sonriendo a la vida y dando gracias por haberle podido dar vida A LA PALABRA PERDÓN.
Prueben, intenten, verán el cambio en sus vidas en forma inmediata.
Hasta la próxima reflexión.

 
“Si no perdonas por amor, perdona al menos por egoísmo, por tu propio bienestar”.
Dalai Lama

4 de diciembre de 2011

DEJA BRILLAR TU LUZ



 "Podemos perdonar a un niño cuando tiene miedo de la oscuridad. La verdadera tragedia de la vida es cuando un hombre tiene miedo de la luz." Platón
 



 La luz está dentro de tu corazón…solo déjala salir y con ella iluminarás a todos a tu alrededor.
Brilla! Ilumina!
La vida es un espejo, todo lo regresa…


23 de noviembre de 2011

No te Rindas - Mario Benedetti


Este poema tan hermoso es para una amiga que está pasando un especial momento, pero lo comparto aquí ya que estoy segura a muchos de ustedes también les hará bien leerlo. Un gran abrazo y hasta la próxima…

    No te rindas, aun estas a tiempo
    de alcanzar y comenzar de nuevo,
    aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,
    liberar el lastre, retomar el vuelo.
    
    No te rindas que la vida es eso,
    continuar el viaje,
    perseguir tus sueños,
    destrabar el tiempo,
    correr los escombros y destapar el cielo.
    
    No te rindas, por favor no cedas,
    aunque el frio queme,
    aunque el miedo muerda,
    aunque el sol se esconda y se calle el viento,
    aun hay fuego en tu alma,
    aun hay vida en tus sueños,
    porque la vida es tuya y tuyo tambien el deseo,
    porque lo has querido y porque te quiero.
    
    Porque existe el vino y el amor, es cierto,
    porque no hay heridas que no cure el tiempo,
    abrir las puertas quitar los cerrojos,
    abandonar las murallas que te protegieron.
    
    Vivir la vida y aceptar el reto,
    recuperar la risa, ensayar el canto,
    bajar la guardia y extender las manos,
    desplegar las alas e intentar de nuevo,
    celebrar la vida y retomar los cielos,
    
    No te rindas por favor no cedas,
    aunque el frio queme,
    aunque el miedo muerda,
    aunque el sol se ponga y se calle el viento,
    aun hay fuego en tu alma,
    aun hay vida en tus sueños,
    porque cada dia es un comienzo,
    porque esta es la hora y el mejor momento,
    porque no estas sola,
    porque yo te quiero.


20 de noviembre de 2011

La palabra cruel: ¿Quién gana?


"El mundo no está amenazado por las malas personas sino por aquellos que permiten la maldad." Albert Einstein


Hoy quiero hablar de un mal muy extendido, la “palabra cruel”, esa que se enmascara en un sarcasmo que para algunos puede resultar hasta gracioso, pero oculta una maldad que no puede ser omitida por ningún ser humano sin ser consciente de la perversidad que involucra.

La crueldad es ni más ni menos que la intención de dañar en pos de “calmar” una furia interior, la tan corrosiva IRA,  que obedece generalmente a una tremenda frustración personal que deviene en la agresión exacerbada al prójimo.

Me pregunto con dolor ¿Quién se puede beneficiar con el uso de palabras hirientes, agravios, ofensas o humillaciones de alto tenor? ¿Puede realmente un ser humano sentir satisfacción en dañar a otro? Y si la siente ¿Se le puede llamar a éste DIGNO?

Me pregunto si existe dentro de ese tipo de seres una conciencia superior que les hace saber de alguna manera que la ira, corroe su espíritu, destruyéndolo.


Entonces ¿Cómo entender la posibilidad que personas con un mínimo sentido común no dimensionen la gravedad de la burla, la calumnia o el sinónimo que represente un enorme desapego por la ética, la moral y la mínima decencia de poseer los atributos elementales de todo ser humano: respeto a otro ser humano?.

Y quisiera entender cómo estas personas que lamentablemente pululan alrededor, pueden sostenerse a sí mismas. Me pregunto ¿Cómo pueden conciliar el sueño y dormir con la conciencia oscurecida albergando sentimientos tan tóxicos, tanta negatividad, tanta destrucción y tanta ira. ¿Cómo puede un ser humano íntegro no sentir el escozor q produce la maldad de una mente sin escrúpulos y con valores distorsionados?

¿Cómo no cuestionarse?... y no sin cierto malestar: ¿Por qué existen personas capaces de escarnecer, avasallar y/o desmerecer a otro ser humano con una liviandad cual si la acción fuese de menor cuantía? ¿Puede tal vez sentirse “gracioso o liberador” utilizar estos destructivos recursos? ¿Qué clase de personas podrían NO ser conscientes que las palabras malintencionadas son un acto “espejo”, reflexivo, un autocastigo que termina tarde o temprano excluyéndolos de todos los círculos, inexorablemente.
Algunas veces captan adeptos (con una mecánica programada para lograrlo) y que posteriormente terminan siendo también víctimas de estas personalidades complejas, pero ese tema lo trataremos en la próxima publicación.

Los dejo reflexionando: ¿Puede ser este tipo de conducta avalado por personas en pleno uso de sus facultades mentales?
Y quién que poseyera estos atributos ¿Desconocería que  el agravio, la injuria, la ofensa son ni más ni menos que actos de VIOLENCIA sicológica o emocional?

“La naturaleza humana es buena y la maldad es esencialmente antinatural.”
Confucio